miércoles, 25 de marzo de 2009

Resultados de la implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos



Según un reciente estudio, aún en prensa (i.e., Tan & Goldberg, Journal of Applied Developmental Psychology), realizado por investigadores del Departamento de Psicología y Comportamiento Social de la Universidad de California, la implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos parece asociarse positiva y significativamente con un mayor grado de disfrute de la escuela por parte de estos últimos, pero, sin embargo, no se asocia con su rendimiento académico, ni con la ansiedad que sienten en la escuela. Es decir, parece que la implicación de los padres en actividades de sus hijos relacionadas con la escuela (e.g., participación en las asociaciones de madres/padres de alumnos, mantener contacto con el profesor, colaborar en el aula, ayudar a sus hijos en la realización de "los deberes", apuntar y llevar a los hijos a actividades extraescolares, o pasar tiempo con sus hijos leyendo juntos, hablando de sus problemas, o contándoles historias, etc.) no ayuda a que aumente la nota media de los chavales, ni a que se reduzca la ansiedad que sienten en la escuela, aunque sí parece servir para que disfruten más en el cole. Algo es algo (téngase en cuenta que hay voces críticas con el presupuesto de que los padres realmente puedan infundir cambios en sus hijos; véase "El mito de la educación" de Judith Harris). También, en cuanto a los resultados escolares evaluados, en este estudio se observó que la ansiedad correlacionó negativamente con el disfrute en la escuela (-.41) y también negativamente con la nota media (-.24).

Estos resultados contradicen lo que se presupone desde la investigación sobre las relaciones familia-escuela, según la cual una de las claves del éxito escolar de los alumnos es la implicación de sus padres en su educación, y, en especial, en su comunicación con el centro escolar y en su apoyo al estudio de sus hijos. Sin embargo, a su vez, este estudio es coherente con lo que desde la investigación sobre ansiedad se sabe, y es que ésta puede afectar negativamente al rendimiento académico si es demasiado alta.

Con todo, estos resultados sugieren que la influencia de los padres en el rendimiento de sus hijos es nula, en general, e incluso en el caso de la implicación directa de los "papás" (esto es: participación en la escuela, en asociaciones de padres, ...) parece contraproducente (correlación negativa de -.22). Vamos, que en ocasiones la implicación de los padres puede ser "intrusiva" y con ello perjudicar la marcha escolar de sus hijos. De hecho, la implicación de los papás parece realmente perjudicial cuando se trata de hijos que van bien en la escuela (que no necesitan ayuda escolar), y sólo parece ser beneficiosa en el caso de niños/as que sí presentan necesidades de ayuda.

¿Qué hacen los padres y las madres cuando tratan de ayudar a sus hijos en sus tareas escolares?¿Realmente les ayudan o les generan más ansiedad?¿Cómo pueden ayudar a sus hijos a controlar su ansiedad para que ésta no les perjudique en sus estudios ni en su vida, en general?
Pero, sobre todo, este estudio deja abierta una cuestión trascendente, ¿hasta qué punto pueden los padres favorecer la adaptación a la escuela y el rendimiento académico de sus hijos? Y si pueden hacerlo, ¿cómo?

44 comentarios:

ROBERTO COLOM dijo...

Es interesante observar que este mensaje por fin está calando en el mundo educativo. Cuanto más se tarde en aceptar hechos como este tanto peor para los chavales y los padres. Cambiar las realidad pasa necesariamente por aceptarlas. Ignorarlas o rechazarlas suele ser poco útil y generalmente perjudica a alguien.

Simona L. dijo...

No estoy segura que el interés y la participación de los padres en la vida escolar de sus hijos pueda ser contraproducente por lo que se refiere al rendimiento académico, porque un seguimiento por parte de los adultos debería resultar beneficioso en la mayoría de los casos (a menos que no se trate de intrusismo en el desarrollo escolar de un sujeto ya autónomo). Pero sí coincido con los investigadores de la Universidad de California por lo que se refiere al nivel de ansiedad desarrollado por el/la niño/a que va creciendo a medida que los padres se involucran. El/la alumno/a ya no tiene que responder de sus éxitos y sus fracasos antes sus docentes, sus compañeros/as sino también antes unos padres que se han implicado en primera persona y que exigen, más que en otros supuestos, resultados. Esto puede dar sin duda lugar, en niños/as con autoestima en desarrollo, a situaciones que difícilmente sepan gestionar y que les causen un rechazo hacia la escuela además que unas malas relaciones con sus progenitores. (publicado por SIMONA LUZIO)

Javier dijo...

Ana Pernas Pérez
Los padres pueden contribuir al desarrollo de las competencias emocionales de sus hijos poniendo en práctica dichas competencias en la convivencia diaria y no sólo en la vida educativa. Si partimos de que los padres tienen adquiridas dichas competencias será más fácil que los hijos las imiten o las aprendan.
Según este estudio la implicación de los padres en la vida escolar no ayuda a mejores resultados cuantitativos (notas) ni cualitativos (menor ansiedad). Es cierto que no por el hecho de que un padre o una madre colabore en las APAs de los centros, o tenga una mayor o menor comunicación con el profesorado de su hijo va a obtener dicho estudiante mejores resultados o menor nivel de ansiedad puesto que inciden numerosas variables fuera del alcance de los padres como nivel de motivación individual, relaciones grupales, intereses…sin embargo creo que los padres pueden desarrollar las competencias de sus hijos utilizándolos en la práctica a lo largo del tiempo, desde Nadie puede decirle a un hijo ni al tutor de su hijo: -lee o -mi niño no lee, no le gusta leer y no sé qué hacer, cuando en casa ni el padre ni la madre leen…del mismo modo que no podemos decirle a una persona que no grite diciéndoselo a gritos porque si esa persona es un niño aprenderá que las opiniones o recriminaciones se hacen chillando. De igual modo un niño tendrá niveles de ansiedad altos si los patrones de aprendizaje están cargados de inseguridades, de miedos o tensión. Decirle a un niño a ver que tal va el primer día de clase, a ver si el profesor o la profesora es buena, a ver si sacas buenas notas, a ver…eso generará en el individuo una inseguridad en cualquier entorno nuevo para él, provocándole unos niveles altos de ansiedad.






Los padres pueden implicarse en el centro de estudios de sus hijos manteniendo el espacio de sus hijos. Se deberá conocer la evolución del niño en las tutorías para intervenir si se da el caso, si se puede, si se quiere o si se sabe. Participar en la vida del centro con el objetivo de dinamizarlo o con la idea de colaborar en toma de decisiones perteneciendo al consejo escolar es, tal vez, la vía para comprender mejor el contexto social de los hijos pero no la forma de inculcar rasgos de la inteligencia emocional.

Ana Pernas Pérez ( orientación en competencias)

Pilar Puig dijo...

Considero que es posible que algunos padres pueden hacer que sus hijos se sientan excesivamente controlados y por tanto contribuyan a que aumente su ansiedad, pero esto no quiere decir ni mucho menos que los contactos familia-escuela no sean beneficiosos. En todo caso, quizás se trate de encontrar un término medio, pues todos los excesos pueden ser malos. Sin embargo, parece desde todos los puntos de vista necesario que los padres intercambien puntos de vista con los profesores, pues están actuando sobre la misma persona y por tanto es deseable que trabajen sumando esfuerzos en la misma dirección. Pero deben hacerlo sin intentar controlarlo ni entrometerse en exceso, pues el niño necesita tener su propio espacio, sentirse respetado para ir adquiriendo seguridad y confianza en sí mismo.
Si lo hacen así, el que se interesen por cómo van en los estudios y como se relacionan con los compañeros no puede perjudicarlos, sino más bien todo lo contrario, pues sólo así podrán intervenir si aparecen problemas. Por otra parte, los padres pueden ayudar a aumentar las competencias socioemocionales de sus hijos interesándose por sus cosas, pues así harán que se sientan más importantes y por tanto contribuirán a mejorar su autoestima, aspecto fundamental para el desarrollo personal. A la vez los padres pueden contribuir a potenciar la autoestima de sus hijos dedicándoles tiempo, apoyándolos y elogiándoles las conductas adecuadas, reconociendo su esfuerzo cuando hacen las cosas bien. También apoyándolos cuando las cosas les salen mal para reducir su ansiedad, pero teniendo en cuenta que no es malo dejar que se equivoquen, sino que es una oportunidad para que posteriormente puedan rectificar y aprender de los errores. Es muy importante que los padres ayuden a su hijo a adquirir el sentimiento de autoeficacia, a que vaya resolviendo sólo sus problemas en la medida de lo posible, sin correr en su ayuda aun cuando no sea necesario. Así, dándoles la oportunidad de pensar y actuar por sí mismos les estimularemos a solucionar problemas, aprendiendo de la experiencia para más tarde poder ir resolviendo problemas cada vez más complejos. También se puede ayudar a los hijos a desarrollar competencias socioemocionales marcándoles los límites claros de lo que está bien y lo que está mal para que se vayan responsabilizando de sus propias acciones según la edad.
Otra manera de ayudarles es enseñarles a ser optimistas, a esperar buenos resultados, pero asumiendo la responsabilidad para hacer que las cosas salgan bien. Para ello, hay que facilitar que se sientan responsables de las cosas atribuyendo los resultados a causas internas y no a la suerte o a causas externas. Por ejemplo, si obtienen buen resultado en el colegio hay que fomentar que lo atribuyan a su capacidad, esfuerzo y motivación… pero no al profesor. Y cuando los resultados son malos, ayudarlos a que se den cuenta de que se pueden mejorar con mayor dedicación, esfuerzo y motivación.
También les podemos ayudar a desarrollar competencias sociales para facilitar que se relacionen de forma adecuada, aspecto muy importante si tenemos en cuenta que el rechazo de los compañeros contribuye al fracaso escolar, al abandono temprano de los estudios o a deficiencias en el aprendizaje. Para ello hay que enseñar con el ejemplo, interesándose por él, comunicándole los sentimientos y pensamientos, y estimulándole a que él también lo haga. De esta forma aprenderá a expresar emociones, necesidades y afectos a sus iguales, y también a comprender las necesidades de los demás, a mostrarse empático y a ofrecer ayuda. Además, el saber expresar con palabras como se siente y a darse cuenta de lo que le está pasando le ayudará a ir aumentando la autorregulación emocional.

Nerea dijo...

Realmente es un tema peliagudo debido a las contradicciones que existen en los diferentes estudios.

Considero que una implicación de los padres en el entorno escolar de sus hijos es esencial para junto los profesores, ayudar al alumno-hijo a desarrollarse como persona y a formarse a nivel escolar.

Es cierto que todos los extremos son malos y de lo que se trata es de buscar un equilibrio, en mi opinión los padres deben favorecer que sus hijos se encuentren bien en la escuela y tienen que enseñarles a controlar su ansiedad, no a generarles más.

Tiene que existir una relación entre los padres y la escuela desde el punto de vista que tanto unos como otros tienen que conocer la evolución del alumno-hijo, insistir en los aspectos que se crea conveniente, apoyar y ayudar en el caso de los padres en la realización de las tareas.

Por otro lado, estoy de acuerdo en lo que respecta al tema de la ansiedad, con los estudios realizados por la Universidad de California: los jóvenes pueden sentirse más “agobiados” debido a que se sienten con mucha responsabilidad y tienen miedo de fracasar, no solo por ellos mismos, que también, si no por sus padres, debido a la gran implicación que tienen con sus estudios y con su centro escolar.

Paloma Simón dijo...

El estudio realizado por los expertos de la Universidad de California, me ha ayudado a comprender que no siempre una gran involucración de la familia en la escuela puede ser positiva para el alumno.

También pienso que tiene que haber un término medio, ya que considero, que tampoco tiene que ser positivo que los padres no participen ni estén informados de los progresos o retrocesos de los alumnos. No creo que se tenga que dejar todo el peso de la educación en manos de la escuela.

Por eso es muy importante el papel de la familia en la educación emocional de sus hijos. Un niño/a tiene que ir adquiriendo poco a poco habilidades que le permiten ir formándose como persona adulta.

Para esto creo que es importante crear espacios tanto en el que el niño se sienta apoyado por su familia, como espacios donde tenga una cierta independencia y sea él o ella la que tenga que tomar ciertas decisiones, que serán las que le vayan haciendo madurar, como ocurre en las escuelas.

Estoy bastante de acuerdo con el tema que respecta a la ansiedad que se puede producir en los alumnos, los cuales, sus padres se implican de una manera muy personal en la escuela, ya que no le están dejando desarrollarse de una manera adecuada e incluso los comportamientos que pueda tener estarán muy influenciados por la presencia de estos padres. Por decirlo de alguna manera simple se les esta quitando “libertad de independencia”.

Como conclusión, opinión que todos los extremos son perjudiciales y que tiene que haber una buena conexión familia- escuela- alumno, para que este pueda desarrollar unas buenas competencias socioemocionales que le ayuden en el transcurso de su vida.

Paloma Simón Rodríguez

Susana dijo...

Ambos estudios, la investigación sobre las relaciones familia-escuela y la investigación i.e., Tan & Goldberg, Journal of Applied Developmental Psychology, son contradictorias. Los/las padres/madres deben de implicarse activamente en la conducta de sus hijos, los padres son los responsables de crear una convivencia y una relación con sus hijos adecuados, contribuyendo al desarrollo de las competencias socioemocionales de sus hijos. Los padres ejercen una gran influencia en la educación de los hijos, juegan un rol fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que si se preocupan de la educación de sus hijos y colaboran con los profesores, los niños presentarán buen rendimiento escolar y se adaptarán más fácilmente a la escuela. Los padres deberían aprender más acerca de la educación emocional y social, participando más activamente en la escuela. Los padres, han de ser los primeros profesores de los niños, juegan un papel fundamental en ese proceso de aprendizaje y de socialización. No se puede dejar toda la responsabilidad de la educación socioemocional de los hijos en manos de los profesores. Tanto los padres como los profesores deben complementarse en esta tarea y, ambos deben educar emocionalmente y socialmente al alumno.

Orientación Sociolaboral
(Susana Carrasco)

Raquel dijo...

Me ha parecido muy interesante y sorpredente que se manifieste, a partir de un estudio, que la intervención de los padres en el ámbito escolar puede afectar de forma negativa a los niños.
En este sentido, sí estoy de acuerdo en que un excesivo seguimiento y presencia de los padres en el ámbito escolar de sus hijos puede conllevar consecuencias negativas; es decir, actualmente parece que los padres necesitan hablar cada mes con los profesores, saber cómo lleva los estudios, las calificaciones, las relaciones con los compañeros... y todo ello desde edades muy tempranas. Quizás un seguimiento tan exhaustivo puede agobiar a los niños, dejándoles poca capacidad de reacción personal, llegando a extremos tales como que siempre necesiten de la ayuda de un adulto para hacer los deberes, para resolver los conflictos con los compañeros o incluso para planificar su horario a la hora de estudiar y hacer tareas pendientes. Todo ello puede contribuir a que los niños deleguen, cada vez más, todo tipo de responsabilidades propias en los padres.
Por otro lado, tampoco se debe caer en el extremo opuesto, esto es, que los padres permanezcan totalmente al margen de la vida escolar de sus hijos, ya que su apoyo en determinados momentos puede ser muy valioso.
Además, los padres pueden contribuir de otras formas en el desarrollo emocional de los niños. Así, deben tener especial cuidado con sus actitudes y formas de enfrentarse a las situaciones cotidianas, ya que los niños aprenden, de forma indirecta, estos comportamientos.
Por otro lado, los padres deben participar de forma activa en el tiempo que pasan con sus hijos, atendiendo a sus juegos, a los contenidos de los programas que ven en la televisión o en Internet, a sus amigos, etc. En este sentido, este tipo de cuestiones son, en mi opinión, más importantes que acudir todas las semanas a reuniones tutoriales en el colegio.

RAQUEL RODRÍGUEZ LÓPEZ

manuela dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
manuela dijo...

La actitud de los padres y de las madres ante los estudios, parece que es lo que más in fluye en el éxito escolar. Parece que, más que con razones socioeconómicas, el fracaso o éxito académico se relaciona con razones de índole cultural de los/as padres/as. En concreto, el nivel de las expectativas que los/as padres/madres tienen respecto a los/as hijos/as y que éstos introyectan y asumen. Otros elementos del que influyen pueden ser el código lingüístico, el nivel económico, la mayor o menor flexibilidad en las relaciones, las actitudes de la madre en la interacción con el niño/a, en definitiva, una serie de notas características de la subcultura familiar que desempeñan un papel muy decisivo en la conducta escolar de los/as hijos/as. Se sabe, por ejemplo, que tanto las familias muy autoritarias como las muy permisivas se relacionan con rendimientos escolares bajos. Algo que preocupa, también, es la separación entre el clima educativo familiar y el medio escolar, lo que sin duda provocará una deficiente adaptación a la escuela. No parece que necesariamente el fracaso escolar deriva del clima familiar; a veces este clima se deteriora por el fracaso del niño o de la niña en la escuela. Por tanto, escuela y familia establecen una causalidad circular.

La conducta familiar influye en la conducta escolar. En general, tanto el nivel sociocultural de los padres como el estilo familiar van a influir en el comportamiento escolar del niño. Este será más aceptable cuando más semejantes y acordes sean las ideas educativas y las pautas de conducta de la escuela y la familia. El choque entre normas, valores y pautas diferentes provoca un problema conductual.
Según algunos estudios, existe correlación entre la agresividad del niño y/o niña en el aula y el alto nivel de disciplina o severidad en casa, la cual provoca inestabilidad emocional y actitudes prejuiciadas y antidemocráticas respecto a los/as demás. El desacuerdo en cuanto a la disciplina por parte de los padres suele conducir a problemas de conducta en los niños, tanto en casa como en la escuela.

Tenemos que tener en cuenta que las necesidades educativas de los/as alumnos/as varían a lo largo de su escolaridad, por lo que la relación familia/escuela debería ir cambiando al mismo tiempo.
a) Educación Infantil: Los objetivos generales serán sobre todo de desarrollo personal y de adaptación a la escuela. La relación familia/centro es importante para los/as profesores/as, porque conocerán más al niño y/o a la niña, y para los/as padres porque adquirirán estrategias educativas.
b) Educación Primaria: Por la mayor autonomía del alumno y alumna, suele darse un relajamiento de las relaciones entre padres-madres y profesores/as, lo que puede repercutir negativamente. La colaboración sigue siendo importante, pero ya pueden realizarse con menos intensidad que antes, aunque debe planificarse.
c) Educación Secundaria: Como en las etapas anteriores, la colaboración entre familia y profesores/as será muy importante, aunque no es difícil observar cómo durante esta etapa suele darse un descenso en las relaciones de la familia con el centro.

Respecto a esta etapa, hemos de tener en cuenta que los cambios físicos y psicológicos que tienen lugar en la adolescencia, con frecuencia son motivo de conflictos generacionales y tensiones con la familia. Por otra parte, puede haber fracaso o descenso en el rendimiento académico en los/as chicos/as que hasta el momento habían progresado adecuadamente. Por lo que sería importante intervenir a estos niveles.

La relación, coordinación y colaboración entre la escuela y las familias son esenciales para proporcionar una educación coherente y armónica al/a alumno/a.

Orientación en Competencias
(publicado por MANUELA CRESPO PÉREZ)

Cristina Burón dijo...

No estoy totalmente de acuerdo con la opinión manifestada en el artículo sobre que la implicación de los padres en la vida escolar de su hijo no esté relacionada con su rendimiento académico. Evidentemente los extremos nunca son buenos, y una excesiva intromisión de los padres en el ámbito académico puede acabar siendo perjudicial para el desarrollo educativo del niño, pero un total desapego y desvinculación tampoco creo que vaya a generar resultados positivos. El niño necesita autonomía e independencia para desarrollarse como persona, y ésta no debe ser coartada ni por los padres ni por los profesores, pero los padres deben tener un contacto continuado con los docentes a fin de poder ayudar a éstos en su labor para tratar de conseguir los mejores resultados en la educación de su hijo. Esta atención debe ser adecuada a las circunstancias del niño, y si éste no necesita un seguimiento tan exhaustivo, deberemos darle mayores dosis de autonomía para potenciar su responsabilidad, pero en los casos en los que el menor precise un mayor seguimiento, los padres deberán prestarle la atención necesaria para que su rendimiento académico mejore.
Por otra parte, además de poder contribuir a mejorar su rendimiento académico, los padres también pueden contribuir de forma activa al desarrollo de las competencias socioemocionales en sus hijos. Estudios realizados muestran que dichas competencias son adquiridas fundamentalmente por el propio desarrollo personal y por el contacto con la familia antes que por el sistema educativo, por lo que la labor de los padres resultará crucial. Conseguir que sus hijos sean conscientes de sí mismos, aceptando sus debilidades y fortalezas, ser capaces de conocer los propios sentimientos y cuál es la causa que los originó, o ser capaces de expresarse abiertamente y defender sus derechos personales es algo que los niños pueden aprender desde la infancia si se lo transmiten sus progenitores. Otras de las innumerables competencias en las que los padres pueden realizar una gran labor es en el desarrollo de la empatía, haciéndoles comprender la importancia de reconocer las emociones de los otros y mostrar interés por ellas, la independencia, controlando las propias acciones y pensamientos, el optimismo, manteniendo una actitud positiva ante las adversidades o la felicidad, disfrutando y sintiéndose satisfechos con la vida. Pero para que un niño sea capaz de desarrollar todas estas competencias socioemocionales en el ámbito familiar no es suficiente con que los padres traten de inculcárselass, sino que el hijo debe vivirlas.
(Publicado por Cristina Burón)

Erika Pérez Soria dijo...

El ser humano es un ser social que como tal vive y se desarrolla en sociedad. Necesita de otros seres humanos para vivir. Las personas desde que son pequeñas están en contacto con diferentes agentes, estos agentes, podríamos decir que son los pilares de la socialización del individuo. Desde que nacemos, la familia es el principal actor de la socialización, todos los pilares socializadores, (escuela, medios de comunicación, familia, amigos…) forman parte de un todo, que de manera transversal son los actores en la socialización de los individuos.
Los padres, la familia, tienen que formar parte del desarrollo de sus hijos e hijas, siempre en coordinación con los centros educativos. Se debe tener en cuenta las capacidades con las que parten estos hijos e hijas, reforzarlas de manera positiva, pero siempre teniendo cuidado de aplicar ciertos límites. No se trata de menospreciar las capacidades de los hijos, sino de potenciarlas. Cuando estos límites se sobrepasan y el nivel de exigencia paterno es excesivo, supone para el menor una carga desmesurada que puede conllevar a episodios de estrés, con el consiguiente fracaso de los objetivos propuestos.
Es importante contar con el asesoramiento de los profesores y orientadores de los centros escolares. Reforzar las competencias de los hijos, no es tarea fácil, y muchas veces se cae en el error de sobrepasar estas exigencias.
Los padres, como agentes educadores de sus hijos, deben buscar el equilibrio entre los diferentes modelos: modelo permisivo y modelo autoritario. El intentar mantener una posición centrada es lo adecuado. También hay que tener en cuenta, la personalidad de los hijos, cada cual con su particularidad, hay niños o niñas que se pueden sentir avergonzados, incluso violentos por la “excesiva” implicación de sus padres en actividades escolares, apymas, acompañantes de excursiones… por eso mismo es necesario pensar que ese equilibrio se verá reflejado en el desarrollo emocional y educativo de los hijos.
(Publicado por Erika Pérez Soria orientación en competencias)

Nati Jiménez dijo...

Realmente la validez de la investigación no podemos valorarla, porque no sabemos como se ha realizado, pero su aportación es que se trata de un informe sugerente. Nos lleva a la reflexión de aspectos que tal vez no nos hubiésemos planteado, como son los efectos de la implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos, un tema que parecía incuestionable.
Tanto la familia como la escuela son agentes educativos. En la familia se produce una socialización primaria en la que se trasmiten unos valores, hábitos y estilos de vida. En la escuela se produce una socialización secundaria, a ella, los alumnos ya llegan con un bagaje educativo realizado en las familias. En ocasiones coinciden en los valores y el estilo de vida que se transmite, pero en otras ocasiones son totalmente diferentes. No existen puntos de encuentro.
Cuando unos padres se implican en la vida escolar de sus hijos, de alguna manera, están compartiendo o intentando adaptar el estilo de vida familiar y escolar. Esto siempre será positivo, sino no se convierte en un instrumento de control y presión al hijo (que es lo que ocurre en demasiadas ocasiones).
Sería interesante una investigación en la que se valorara la implicación de la escuela en el conocimiento del estilo de vida familiar de sus alumnos y trasladar algunos valores o intentar adaptar algunos aspectos de su vida familiar a la escuela.
Por último, considerar el aspecto estadístico del artículo que hace importante valorar cada caso en particular.

Raúl González dijo...

Teniendo en cuenta el tiempo que pasan los jóvenes en la escuela, es una buena noticia saber que los padres pueden influir en el grado de satisfacción de sus hijos en el colegio mediante su implicación, pese a que no repercuta también en los resultados académicos y en la reducción del nivel de ansiedad de los alumnos. Los datos son especialmente positivos si consideramos que uno de los principales problemas de la educación es la falta de motivación del alumnado.
Pudiera parecer que el dato de que la implicación de los padres mejora el disfrute del alumno en la escuela pero no los resultados no es del todo satisfactorio. Sin embargo, los resultados académicos son sólo una parte del proceso educativo, mientras que el día a día de la vida escolar supone la verdadera realidad del alumno, en la que no sólo adquiere conocimientos teóricos que pueden ser cuantificados mediante notas, sino que también entrena y desarrolla competencias socioemocionales y otro tipo de habilidades prácticas que van a tener mucha importancia para la vida personal y profesional del alumno. El descubrimiento de que los padres pueden contribuir mediante su implicación a que el alumno disfrute de este proceso, en vez limitarse a contemplar pasivamente cómo lo vive con tedio y frustración, es una buena noticia pata toda la comunidad educativa.
Por supuesto, esto no significa que cualquier tipo de implicación por parte de los padres sea positiva. Como se indica en el estudio, una implicación intrusiva produce efectos negativos y puede aumentar la ansiedad del alumno. La principal lección que deben aprender los padres para desarrollar las competencias socioemocionales de sus hijos es ejemplificarlas ellos mismos; se trata de hacer gala de dichas competencias en la relación con ellos. Para esto, los padres pueden empezar por aprender algunas cuestiones básicas y prácticas sobre las destrezas socioemocionales, aprendiendo a identificarlas, a usarlas, a ejercitarlas y a evaluarlas. De esta forma, los padres pueden aprovechar todas las oportunidades que ofrece la vida cotidiana para desarrollar las competencias socioemocionales de sus hijos en la práctica, enseñando a sus hijos a ponerle nombre a las distintas emociones, reconocerlas en sí mismos y en los demás, entrenar las habilidades necesarias para manejarlas, gestionar las relaciones...

Ayudar a sus hijos a disfrutar del colegio mediante su implicación en sus estudios, tal y como se relaciona en el estudio, es en sí misma una manera de contribuir a la educación socioemocional del niño. En vez de un niño que soporta pasivamente tediosas sesiones escolares a las que no encuentra sentido y en las que sólo aprende a resignarse, tendremos un niño que, independientemente de los resultados escolares, disfruta en la escuela de una sensación subjetiva de bienestar. Esa es una condición necesaria para, en el futuro, desarrollar la capacidad de automotivarse y la capacidad de elaborar un proyecto de vida personal y profesional satisfactorio.

Raúl González García (Orientación en competencias)

Elixabet Almandoz dijo...

Tras el análisis de la teoría de la Universidad de California, como el de J. Harris y la de la relación familia-escuela, está claro que no existe un punto de acuerdo respecto al papel que juegan los padres ante sus hijos.
Personalmente, pienso que todos tienen parte de razón y que entre lo que unos dicen y otros contradicen, se pueden encontrar maneras de contribuir al desarrollo de las competencias socioemocionales de los hijos.
En principio, es verdad, tal y como señala J. Harris, que los padres aportan los genes a sus hijos, con lo que parte de las características de la personalidad ya están definidas, pero no comparto la idea de que a partir de ahí es el entorno entre iguales el que mayor influye en la educación de un niño. Por ejemplo, en edades tempranas, un niño tiene como ídolo a su padre y quiere ser bombero como él, por lo que la influencia de lo que vive en el hogar es clara, y los valores que se trabajan en casa son muy importantes en el desarrollo de las competencias que pueda ir adquiriendo la criatura.
Aún así, es cierto que cada edad requiere por parte de los padres, diferente grado de implicación; la colaboración entre padres y profesores puede ser esencial para mejorar aspectos que puedan ser necesarios, y conocer a un hijo en todas sus facetas ayuda en la relación padres/hijos. Pero, tal y como indica la Universidad de California, entrometerse en el espacio del alumno, puede crear ansiedades no adecuadas para su desarrollo, ya que debe responder no solo ante el profesorado sino también ante los padres.
Además, si sumamos las características de la sociedad actual, donde un hijo todo debe hacerlo perfectamente, y un error no significa que pueda aprender nada de él, es normal que cada vez se encuentren tasas más altas de ansiedad en edades cada vez más tempranas, cosa que hace cincuenta años seguro que no existiría.
Finalmente, podemos decir que el fracaso escolar no lo van a evitar los padres, pero si éstos cuentan con unas competencias socioemocionales adecuadas, y el hijo los vive, seguramente, por imitación los pondrá en práctica, tal y como se comenta en la teoría relación familia-escuela. Así, con una vida equilibrada (con optimismo, con alto grado de autoestima, empático, expresivo,…), en caso de que exista un fracaso escolar, éste podrá ser más llevadero tanto para el hijo como para los padres. (publicado por Elixabet Almandoz; Orientación en Competencias.)

Adela dijo...

Adela Reina.Progama Modular Orientación en Competencias.
No hay duda de que el soporte de esta investigación y sus conclusiones desvela, criterios contradictorios con lo tradicionalmente pensado, en pro de la intervención de los padres en el desarrollo emocional educativo de los hijos. Quizás debamos valorar no lo ¿qué se hace? en este sentido por los padres, sino ¿cómo se hace?.
Esta última idea, debe convivir con criterios nuevos, según los diferentes investigadores; y ¿si accedemos a los principios de intervención que desde las Escuelas de Padres se nos transmiten?. “La escuela también enseña a los padres”
En este sentido destacaría la necesidad de retroalimentación, ayudar en la escuela y en casa al niño, a que construya un concepto de si mismo positivo y favorable; que los profesores y los padres sean modelos de comportamiento y de mejora, que los padres respetemos las capacidades de nuestros hijos y conozcamos sus fortalezas y debilidades para la consecución de objetivos, que se genere auto confianza y auto evaluación por el niño.
Los padres debemos de generar un entorno para el niño de seguridad que permita extrapolar, esta condición en otros entornos externos a la familia, debemos ser incondicionales en la generación de ayuda, tener disponibilidad, pero ello parece según análisis de este artículo, que nos desvela un rol en el cual nuestra eficacia o eficiencia, según se mida, puede generar resultados negativos. ¿Tenemos conciencia de ello?.... este estudio nos conduce a la reflexión.
Es fundamental conocer a nuestros hijos y conocer su entorno, hacer un espacio común, pero potenciar al mismo tiempo, su espacio individual, aquel que permita a los niños, conocer su identidad a través de los profesores, familia y padres, pero también a través de ellos mismos.
En cualquier caso, esta investigación no rechaza la intervención de los padres sino más bien, la necesidad de formación de los mismos, porque la familia es el recurso base por excelencia del desarrollo integral del niño y el refuerzo en la sociedad y la comunidad educativa, es una premisa de responsabilidad a asumir por los padres. Y es una tarea que requiere de orientación y adaptación para la mejora continua.

Mª Cruz Guardiola dijo...

La familia es uno de los factores de mayor influencia en la socialización de las emociones, que suele llevarse a cabo de dos formas: actuando directamente sobre el hijo (regulando las emociones de éste), y de manera indirecta (fundamentalmente a través de la observación y el modelado de los padres).

Las competencias emocionales se educan en el ámbito familiar, dando lugar a personas equilibradas, sanas y formadas emocionalmente, o en el caso negativo, a personas desequilibradas, irreflexivas, sin control sobre sus impulsos, etc., que pueden acabar haciéndose daño a ellos mismos y a los que les rodean. La falta de educación emocional o un desarrollo inadecuado de ella, puede llevar a desajustes sociales y falta de dominio sobre la propia persona, y conlleva la angustia, depresión y ansiedad.

Capacidades importantes dentro del ámbito emocional son: el reconocimiento y la expresión de los sentimientos, la empatía, la sinceridad, la resolución de problemas, la persistencia, la amabilidad, el respeto, el sentido del humor…
En cuanto al humor, el sentido del humor en la familia es tan importante como la disciplina, los valores, etc. Las relaciones se hacen más sanas, menos tensas y más amistosas.

Pero ¿Como padres y/o madres pueden contribuir al desarrollo de dichas competencias?

• En primer lugar, pueden utilizar todos los recursos a su alcance, p.e: el juego. Jugar con ellos puede ser un buen momento para ir elogiando, reforzando determinadas actitudes y valores de tipo social o individual.
• Igualmente el uso de películas, fotografías, modelar con plastilina, dibujar, etc... puede ser un buen método para fomentar el dialogo, la comunicación, la expresión de sentimientos, afectos, la creatividad...
• Asignar responsabilidades menores hasta llegar progresivamente a las más importantes para que vayan ejercitando la RESPONSABILIDAD Y DISCIPLINA.
• Fomentar las reuniones familiares, salidas conjuntas, compartir ocio y tiempo libre que permitan un conocimiento mutuo, la observación de comportamientos socialmente aceptables...
• Asumir la perspectiva del sentido del humor ante los errores, dificultades… facilita reconducir las situaciones, que de otro modo harían aumentar las tensiones y conflictos. Recordemos que la risa es una de las expresiones que más beneficios aportan a la persona.
• Que los padres y/o madres asistan a escuelas de padres, cursos de crecimiento personal, que les ayuden a fomentar, o afianzar sus propias habilidades y con ello ser modelos seguros para sus hijos/as.

ana belen sierra dijo...

Lo primero que hay que destacar es que la mayor parte de los modelos de conducta se aprenden, sobre todo de los padres y las personas que rodean al niño. Para conseguir que el niño desarrolle competencias socioemocionales será imprescindible que los padres tengan la suficiente información como para poder desarrollarlas en sí mismos y hacer que los niños también las aprendan y desarrollen. Si los padres son maduros e inteligentes emocionalmente, y van aceptando progresivamente las cualidades tan positivas que tiene su hijo, éste recibirá mensajes positivos que le permitirán entender las consecuencias de sus conductas, y por qué estas son o no favorables. La educación emocional, por tanto, empieza en el hogar.

Los niños se irán formando en la madurez emocional a medida que los adultos les enseñen y practiquen con ellos. ¿cómo pueden hacerlo? manifestándoles confianza, siendo sinceros sobre lo que se les dice, evitando el control excesivo, sabiendo ponerse en su lugar para conocer cómo se sienten, alentándoles a decir lo que les gusta o desagrada y animándoles a iniciar conversaciones y juegos con otros niños.
Los padres deben tener siempre presente que los niños aprenden poco a poco, y que ellos son la principal fuente de información; es allí donde radica la importancia de formar y educar para poder adquirir una mejor madurez emocional. Estas habilidades no sólo les servirán para desenvolverse en la escuela y tener amigos, sino para toda la vida.
Por tanto el colegio es otro pilar de ayuda en esa educación emocional. Tal y como muestran “las investigaciones sobre la relación familia-escuela” ambas deben trabajar de forma conjunta, siguiendo el mismo camino, con una gran comunicación y cooperación, interviniendo en su justa medida.

Muchas veces los padres, en su afán de ayudar a sus hijos, sobrepasan el límite porque les ofrecen una ayuda excesiva anticipando sus necesidades, intuyendo lo que éste necesita emocionalmente, sin que llegue siquiera a expresarlo de una u otra forma. Esto puede ser contraproducente y les puede generar estrés o ansiedad.
Será, por lo tanto, un objetivo a tener en cuenta el hecho de “no darle todo hecho”, sino facilitar momentos de calma donde el niño pueda ir expresando lo que quiere, que se sienta respetado para ir siendo cada vez más autónomo y consiguiendo metas por sí mismo.

Para terminar una buena frase sería: “trate a sus hijos como le gustaría que les tratasen los demás”

Propuesto por ANA BELEN SIERRA TELLER (orientación en competencias)

BELEN RODRIGUEZ GAUYAC dijo...

Todos sabemos que la educación no es infalible y por consiguiente, los padres tampoco. Pero si es cierto que en las etapas iniciales de los alumnos sobre todo en Infantil y Primaria, su implicación en la enseñanza es fundamental para la posterior madurez del alumno en etapas superiores. Caso a parte seria las etapas de Secundaria y Bachillerato donde los alumnos en etapas de desarrollo enmocional más complejas, la implicación de los padres puede ser en ocasiones perjudicial.
De todas formas, los padres deben contribuir al desarrollo de las competencias socioemocionales de sus hijos, como también contribuyen a su desarrollo físico. Si un padre cuida que su hijo no tenga gripe, ¿cómo no puede cuidar de que su hijo aprenda a adaptarse al mundo donde va a vivir?
En definitiva, los padres deben aprender a enseñar a sus hijos a convivir en la sociedad y ésto sólo se hace a través de la enseñanza de las competencias socioemocionales que aunque en la escuela se aprende, si es cxierto que en la familia se afianzan.
Propuesto por BELEN RODRIGUEZ GAUYAC

José dijo...

Las competencias socioemocionales comprenden la capacidad de establecer y mantener relaciones positivas con las personas y de interactuar bien con los demás, así como también la capacidad de manejar emocionalmente los "altos" y "bajos" de la vida. La competencia social crece y cambia a lo largo de la vida de la persona. Y durante la edad escolar el niño aprende en casa y en la escuela, pero este aprendizaje debería ser coherente y coordinado entre la familia y los educadores.
Los padres deben observar cómo sus hijos van adquiriendo destrezas en la forma en que interactúan con otras personas. La forma en que un niño se comporta varía de una situación a otra. Son varias las influencias que afectan al comportamiento de un niño, entre ellas los antecedentes culturales, los patrones familiares, la personalidad o temperamento del niño, y los eventos específicos que suceden en la vida de éste y todo esto debería controlarse por la escuela y los padres. Así los padres deberían observar, a través del tiempo, los modelos generales de sus interacciones con otros, así como sus reacciones ante ellos. También debería ser concientes de todo lo que esté sucediendo en la vida de su hijo que pudiera afectar a su comportamiento. Este proceso de observación y evaluación debe ocurrir a través del tiempo, y en relación con una amplia variedad de situaciones, y no con base en una sola observación, sino en coordinación con todos los adultos que tienen que ver con el desarrollo del niño. Aunque es difícil detectar todos los cambios, pues alguno ocurren en el interior del niño (como el conocimiento de sí mismo), existen señales visibles de la que los educadores y padres deberías ser consciente a medida que el niño interactúa con los demás, reacciona ante las persona y situaciones y maneja la frustración y los cambios. Los padres pueden hacerse preguntas tales como:¿Demuestra mi hijo compasión? , ¿Demuestra empatía?, ¿Coopera mi hijo con los demás?, ¿Expresa mi hijo sus necesidades, y se defiende solo?, ¿Muestra mi hijo un interés en lo que acontece en su entorno?, ¿Reacciona mi hijo con dificultad ante las señales sociales?, ¿Tiene mi hijo un sentido de independencia?,etc e intentar responderla en coordinación con los educadores, siempre sin agobiar al niño.
Los padres podrían participar para mejora sus competencias en la etapa escolar de diferentes formas: Trabajar en trabajos manuales con su hijo (haciendo un collage), Animando a su hijo a que juegue con otros niños del barrio o fijar con los padres de otros niños fechas para que los niños puedan jugar juntos, Incluir a su hijo en las reuniones sociales con otras personas (paseos de campo, reuniones familiares, eventos sociales en su comunidad), Hacer que su hijo participe en actividades de grupos pequeños con otros niños de su edad (clases, hora de lectura en la biblioteca, grupos de juego), Dar sugerencias a su hijo mayor sobre cómo acercarse a otros niños, participar en actividades de niños, y tener buenos modales sociales, Observar la interacción de su hijo con otros niños y adultos. Ver si el niño es aceptado por otros niños, o si tiene dificultades con sus amigos. Cerciórese de que tenga por lo menos dos buenos amigos, Hablar a su maestro, para obtener información sobre cómo se desenvuelve socialmente en la escuela, participar junto al niño en cualquier acto que comunitario que se realice en la escuela, en el barrio o la ciudad, Tomar nota de las dificultades que tenga su hijo en el aspecto social de su desarrollo...
Todo esto puede fomentar que el niño tenga una autoconfianza mayor y le permita realizar las actividades con mejor rendimiento ya que seguramente tiene un una visión positiva hacia el logro, o por lo menos los recursos para pedir ayuda de forma asertiva.

(Propuesta por José Gázquez López)

CONCEPCION JIMENEZ dijo...

Tal y cómo aparece el texto, no estoy del todo de acuerdo cuando afirma que “la implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos… no se asocia con su rendimiento académico”, ya que la investigación estaría falta de analizar otra variable que sería el tipo de educación de los padres, o sea, si se limita a correlacionar implicación de los padres por un lado con rendimiento académico, es muy básico, ya que no sabemos qué tipo de educación es la que realizan (autoritario, democrático o laissez-faire). Parece clara la satisfacción de los alumnos/as con la escuela o con la baja correlación con la ansiedad, si existe una implicación directa entre padres y escuela, pero creo que igualmente también existe una relación con el rendimiento.
Unos padres implicados con la educación de sus hijos, que participan en aquellos espacios de participación con sus hijos y que además hablan de sus problemas… son padres abiertos al desarrollo de habilidades de inteligencia emocional fundamentales para sus hijos y que por supuesto repercuten directamente sobre el rendimiento escolar: autoestima, manejo de estrés, competencia social…
La percepción que muestran los hijos en relación a las conductas de autorregulación de sus padres repercute sobre los niveles de la dimensión académica de su autoconcepto: por ejemplo por medio del modelado (los hijos perciben que sus padres cotidianamente muestran motivación para aprender, fijar objetivos a alcanzar metas, utilizan estrategias para su logros, dirigen y ajustan sus comportamiento), estimulación (ante el fracaso inicial a la hora de imitar el comportamiento, reciben estimulación para la persistencia), facilitación (los padres prestan soporte y ayuda en cuanto a los recursos necesarios para poder realizar una comportamiento autorregulado: modos de organizarse, materiales, estrategias...) y refuerzo (recompensa por parte de los padres de las conductas de sus hijos).
Por ello, es importante la percepción que los hijos tienen sobre el grado de implicación de los padres con el ámbito escolar para la contención y el desarrollo de comportamientos característicos autorregulatorios que influye sin lugar a dudas sobre las diferentes dimensiones que el estudiante tiene sobre sí mismo (privada, social, académica), y ésta sobre el rendimiento académico.

(propuesto por : CONCEPCION JIMENEZ ENDRINA)

Carlos G.P. dijo...

Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
“Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos...
Los alumnos van resolviendo los enigmas, que el maestro propone de una forma singular. La clase es una creación de todos. El aprender se transforma en una aventura.
       Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón, sin que las creencias les limiten “
Su título es: “Veintitrés maestros, de corazón – un salto cuántico en la enseñanza-“. En él se plantea un modelo educativo que se basa en descubrir la fuerza interior.
       Hoy puede ser ciencia ficción...tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
Creo que su sensibilidad va en la misma dirección que la mía. Por eso, me atrevo a enviale* mi libro en versión digital. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar...hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
                                                                                                    Carlos González
P.D Mi blog es: www.ladanzadelavida12.blogspot.com
* El libro se puede descargar en mi blog
Puede ver mis vídeos:
“Educar más allá de las creencias: liberando al corazón” en la dirección siguiente: http://vimeo.com/9374224
“Educación y Nuevo Paradigma Científico” en la dirección: http://vimeo.com/10085584

OLGA GONZÁLEZ FERRERA dijo...

La Inteligencia Emocional, como toda conducta, es transmitida de padres a niños, sobre todo a partir de los modelos que el niño se crea.

La personalidad se desarrolla a raíz del proceso de socialización, en la que el niño asimila las actitudes, valores y costumbres de la sociedad. Y serán los padres los encargados principalmente de contribuir en esta labor, a través de su amor y cuidados, de la figura de identificación que son para los niños (son agentes activos de socialización). Es decir, la vida familiar será la primera escuela de aprendizaje emocional.

La competencia social crece y cambia a lo largo de la vida de la persona. Los niños aprenden a establecer nexos en una etapa temprana de su vida, y lo hacen primero a través de sus padres y los responsables de su cuidado; este es el inicio de la capacidad de disfrutar de la compañía de otros y del camino de toda una vida hacia el desarrollo de la competencia social.

Recomendaciones específicas para interactuar y fomentar las destrezas sociales en los niños:

-Hablar e interactuar con los bebés en las conversaciones.
-Participar en los juegos "de mentira" con los niños de corta edad, ofreciéndoles sugerencias sobre cuál debe ser el siguiente paso, a fin de fomentar la cooperación.
-Trabajar en proyectos con ellos, por ejemplo, sembrando flores, confeccionando joyas de fantasía, haciendo un collage de fotografías.
-Alentar al niño a que juegue con otros niños del barrio si no tiene hermanos o hermanas con quienes jugar, o fijar con los padres de otros niños fechas para que los niños puedan jugar juntos.
-Modelar para su hijo sus propias destrezas sociales cuando usted interactúe con otros.
-Incluir a su hijo en las reuniones sociales con otras personas (paseos de campo, reuniones familiares, eventos sociales en su comunidad).
-Hacer que su hijo participe en actividades de grupos pequeños con otros niños de su edad (clases, hora de lectura en la biblioteca, grupos de juego).
-Dar sugerencias a su hijo mayor sobre cómo acercarse a otros niños, participar en actividades de niños, y tener buenos modales sociales.
-Observar la interacción de su hijo con otros niños y adultos. Vea si su hijo es aceptado por otros niños, o si tiene dificultades con sus amigos. Cerciórese de que su hijo tenga por lo menos dos buenos amigos.
-Hablar con las personas del entorno del niño (maestro, cuidadores…etc) para obtener información sobre cómo se desenvuelve socialmente en el programa de cuidado o en la escuela.
-Tomar nota de las dificultades que tenga su hijo en el aspecto social de su desarrollo. Ayude a su hijo, practicando interacciones sociales, dándole oportunidades para estar con niños de diferentes edades, y ayudándole con cualesquier problemas que pudieran tener importancia para usted y para su hijo en lo relacionado con sus destrezas sociales.

Por tanto, la mayor parte de los modelos de conducta se aprenden, sobre todo de los padres y las personas que rodean al niño. Para conseguir que el niño desarrolle su competencia emocional será, por lo tanto, imprescindible que los padres cuenten con la suficiente información como para poder desarrollarla en sí mismos y hacer que los niños también la aprendan y desarrollen. Si los padres son maduros e inteligentes emocionalmente y van aceptando progresivamente las cualidades tan positivas que tiene su hijo, éste recibirá mensajes positivos que le permitirán entender las consecuencias de sus conductas y por qué estas son o no favorables. La educación emocional empezará, de hecho, desde el hogar.

Los niños se irán formando en la madurez emocional a medida que los adultos les enseñen y practiquen con ellos. Son aspectos claves en este camino el hecho de manifestarles confianza, ser sinceros sobre lo que se les dice o evitar el control excesivo, a la vez que saber ponernos en su lugar para saber cómo se sienten, alentarles a decir lo que les gusta o desagrada y animarles a iniciar conversaciones y juegos con otros niños.
(Propuesto por OLGA GONZÁLEZ FERRERA)

JESUS CUEVAS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JESUS CUEVAS dijo...

Los resultados de este estudio son al menos sorprendentes, no obstante creo que no se pueden extrapolar al nuestro sistema educativo ni a los participantes del mismo, ya que nuestra cultura tiene sus propias características y singularidades y habría que analizarlo dentro del contexto de la misma.
Dicho esto, desde mi opinión, creo que habría que tener en cuenta los estilos educativos desarrollados en cada núcleo familiar y analizar la forma de enculturación desarrollada, así como los modelos de conductas aprendidos y aprehendidos por imitación (Tª del aprendizaje social de Bandura) ya que estos unidos a los rasgos de personalidad de los hijos van a ser determinantes a la hora de manifestarse las distintas variables que configuran la relación Padres/hijos en el ámbito escolar y sus resultados.
Esta claro que la familia como agente educativo junto con la escuela son los principales grupos de socialización (primarios) y como tales han de contribuir al pleno y óptimo desarrollo personal de sus hijos tomando un rol preponderante. Es de esta forma donde actúa la simbiosis de educación conceptuada como educación informal (padres) con la educación formal (escuela).

Me parece que a la hora de desarrollar y contribuir a que esta interacción se manifieste de forma beneficiosa en los hijos pasa por formar a los padres en materia de competencias emocionales así como al profesorado de esta forma se podrán obtener resultados positivos y eficaces en la intervención de los padres en la vida escolar de sus hijos. Para ellos es necesario compromiso e implicación en los proyectos educativos y en los programas de ecuación socioemocional que se puedan desarrollar. ¿Cómo van contribuir e intervenir los padres al desarrollo de las competencias socioemocionales de sus hijos si probablemente ni si quiera saben lo que son? Si así ocurriera en el núcleo familiar los padres podrán favorecer el desarrollar las CSE de sus hijos a través de la generalización y la trasferencia de los conocimientos aprendidos.

(Propuesto por JESÚS CUEVAS COLMENERO)

María Bertó dijo...

Al margen de los resultados del estudio del Departamento de Psicología y Comportamiento Social la Universidad de California y los estudios de la autora Judith Harris, opino que en la relación familia-escuela, la implicación de los padres en la educación de sus hijos es fundamental, más para convertirse en clave de éxito escolar de los alumnos, es esencial que padres y profesores se pongan de acuerdo sobre cómo hacerla efectiva, para que las relaciones sean de ayuda mutua y hacer frente a los desafíos que presenta este mundo tan cambiante, involucrándose cuando es necesario y sin perjudicar la marcha escolar de los hijos.

¿Qué pueden hacer los padres? En principio, aliarse con la escuela y emprender juntos un camino que les permita crear una nueva concepción de la educación, desde una perspectiva comunitaria real dónde el verdadero protagonista sea el niño.

Pero, ¿están padres y profesores preparados y cualificados para enfrentarse a ello? La enseñanza y educación de los niños siempre ha sido una experiencia profundamente social y emocional, y en la mayoría de las ocasiones los profesores no disponen de la formación adecuada, ni de los medios suficientes para desarrollar esta labor y sus esfuerzos con frecuencia se centran en el diálogo moralizante ante el cual el alumno responde con una actitud pasiva. Por tanto, creo en la necesidad de un aprendizaje previo, para entre otras finalidades, entrenar y ejercitar la propia Inteligencia Emocional (de padres y docentes), y consecuentemente, los hijos/alumnos adquieran dichos hábitos en la escuela, partiendo del hecho, que los padres son el principal modelo de imitación de los hijos.

Con este conocimiento, dependiendo de la edad y etapa educativa, y aceptando las naturales e inmodificables tendencias temperamentales que poseen los hijos, se puede ayudar en cada una de las áreas de la Inteligencia Emocional. Por ejemplo:
Detectando estas señales de ansiedad que menciona el artículo, nerviosismo o miedo, y previniendo problemas de relación, dentro y fuera de la escuela, que pueden obstaculizar su estudio (es decir, con el autoconocimiento). Aprendiendo estrategias psico-físicas que permitan neutralizar los estados de ansiedad, los estado de perturbaciones afectivas, los estallidos temperamentales (control emocional). Aprendiendo a neutralizar y/o superar, la displicencia o la ausencia de interés y motivación en una materia, requisito fundamental del verdadero aprendizaje (motivación). Aprendiendo a percibir y comprender los sentimientos y emociones de compañeros de estudio (empatía). Aprendiendo a establecer buenas relaciones con los profesores y los compañeros de escuela (habilidades sociales).

Es una tarea complicada que a ambos les concierne, no se puede funcionar en escuelas o aulas que estén aisladas de la familia y los padres, de manera que hay que formar nuevas relaciones donde las expectativas estén claras y se trabaje para la comprensión mutua, ayudando al hijo/alumno a desarrollarse como persona y formarse a nivel escolar, favoreciendo su rendimiento académico y ayudando a superar la ansiedad que sienten en la escuela.

Cada vez más la sociedad y las administraciones educativas son conscientes de la necesidad de un currículum específico que desarrolle contenidos emocionales. Sin embargo, es necesario que estas actividades y estrategias pedagógicas se concreten en un curriculum reglado establecido en el sistema educativo, y se trabajen junto al motor educativo, indispensable e insustituible de los padres.

María josé Parra dijo...

La implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos es necesaria, ya que han de tener conocimiento de cómo se desenvuelven sus hijos en el entorno escolar, y estar al tanto de sus evoluciones, así de como si surge algún conflicto.
Sin embargo, estas implicaciones han de ser muy bien mesuradas, sino, podrían llegar a convertirse en intromisiones en la vida escolar de su hijo y llegar a ocasionarle problemas.
En relación a la ansiedad en la escuela, en mi opinión puede ser debida a las altas exigencias que se pueden llegar a dar en el entorno escolar. Los chicos pueden acabar sintiéndose muy agobiados y pensr en el etorno escolar como algo negativo. Con lo cual, ante todos estos sentimientos negativos, los chicos bajan su rendimiento escolar y ello leva implícito una bajada de autoestima, lo que les hará sentir emociones muy negativas sobre sí mismos y el entorno escolar. Esto no facilitará su adaptación y podría perjudicar las relaciones familiares.
Los chicos que en su contexto familiar reciben el apoyo de sus padres, y éstos los educan en los valores, normas, en el respeto y en las emociones correctas, tendrán una más fácil adaptación de cara al mundo escolar y social.
La educación socioemocional en el ámbito familiar es muy importante, supone un gran pilar en la formación de los chicos, les hace ser más conscientes de su entorno, y facilita sus relaciones con los demás en todos los ámbitos.
Si además, en la escuela reciben formación socioemocional, irán incrementando sus conocimientos y se convertirán en personas que se relacionarán satisfactoriamente y con éxito en todos los ámbitos de la vida.

(Propuesto por María josé Parra Ramírez)

María Dolores Parra dijo...

La relación de los padres con los hijos se ha de basar en el respeto de la libertad individual del hijo, sin atosigarlo y sin inmiscuirse demasiado.
En el ámbito escolar, este respeto hacia el niño se ha de demostrar en la no intromisión, pero sí en la atención adecuada que los chicos requieren.
Los padres han de preocuparse por cómo se desenvuelve su hijo en el colegio, y, sobretodo, en cómo va su formación académica y si necesita ayuda o refuerzo escolar.

La interacción de los padres con los profesores ha de ser la adecuada y orientada a la mejora escolar del hijo, pero sin sobrepasar esos límites.
Se ha de ayudar a los hijos con los problemas que tengan en la escuela, como podría ser la ansiedad que sufren en el entorno escolar, ante la presión de los estudios, lo cual les hace bajar sus calificaciones, etc.

Desde la educación en competencias emocionales, los padres los pueden ayudar a la hora de relacionarse con los compañeros en el colegio, ante las situaciones estresantes, a manejarse con éxito ante las tareas escolares más difíciles, etc...
Esta educación socioemocional que el chico va aprendiendo en casa, la irá reflejando en su convivencia escolar y será reforzada si en el entorno escolar se sigue trabajando con dichas competencias, lo cua hará de los chicos, futuros adultos con una alta inteligencia emocional, se sabrán desenvolver adecuadamente en todos las relaciones interpersonales y los capacitará para el éxito personal y social.

(Propuesto por María Dolores Parra Ramírez)

Sonia dijo...

No estoy de acuerdo con que la implicación de los padres sea contraproducente con el rendimiento académico de sus hijos, me parece un estudio un poco extremista.
Pienso que es un tema que habría que estudiar más, hacer un estudio mucho más a fondo, pues analizando un poco el tema no hay demasiados resultados al respecto, y los que existen son contradictorios.
Mi opinión personal es que los padres sí que deben involucrarse en la educación de sus hijos, pues en la sociedad en la que nos encontramos, parece que es solo obligación de la escuela contribuir al desarrollo académico. Pienso que los padres deberían formar parte más activa en la educación académica, lo que llevaría asociado participar en las asociaciones de padres y madres, pues de esta forma contribuirían y participarían de forma activa en la educación y tomarían parte de las actividades que se propusieran por parte de los centros educativos, y así se unificarían los criterios educativos de los padres con los educadores, cuestión que actualmente pienso que genera problemas, ya que antiguamente los padres concedían la autoridad suficiente a los profesores para que castigaran a sus hijos y que les enseñaran a portarse bien, y ahora son los padres los primeros que toman la actitud de defensa cuando su hijo se ha portado mal, incluso pidiendo explicaciones a los profesores por su actuación.
Creo que el problema radica en que hemos pasado de unas generaciones en las que no se consentía nada a los hijos, e incluso se les castigaba si era realmente necesario, a una sociedad en la que los hijos son los que realmente han tomado el poder de sus vidas, relegando la autoridad de los padres y mucho más la de los profesores, pues se les ha llegado a perder el respeto físicamente.
Lo ideal sería una sociedad en la que tanto padres como profesores unificaran los criterios de educación basándose en lo que se considera lo mejor para los niños y de esta forma elaborar un plan de actuación tanto en casa como en la escuela.
De esta forma, mientra que las escuelas fomentarían determinadas habilidades sociales y académicas, los padres fomentarían habilidades sociales tales como autoestima, asertividad, optimismo, negociación, ...

(propuesto por SONIA GARCÍA CASADO)

isabel dijo...

Como madre de una adolescente, sin ningún problema escolar, al contrario con una buena vida social escolar, y un muy buen rendimiento academico, considero por mi propia experiencia, que hay que implicarse en las tareas y en la vida escolar de los hijos, en las primeras etapas escolares, (más adelante no sólo no se debe sino que creo que es contraporducente) enseñandoles a ser independientes y responsables con sus deberes, presionandolos en estas primeras etapas para que se responsabilicen de su trabajo academico, pero haciendoles saber que tendrán a los padres como una "tabla" en el caso de necesitar ayuda, y que tengan claro que ayudar, no es esperar a que los padres les resuelvan sus problemas.

en conclusión creo que es indispensable, darles herramientas de dicernimiento entre lo verdaderamente importante y lo que no lo es, herramientas para que manejen el tiempo y tambien para que entiendan que el pedir ayuda a tiempo no les hace seres inferiores, eso disminuirá gran parte de la ansiedad.

Fundamental: confiar en que lo que se les ha inculcado, lo saben y entienden de sobra. (propuesto por ISABEL SERRANO GARCIA)

Anónimo dijo...

La familia y la escuela tienen funciones sociales diferentes, pero complementarias. Cada uno desde su ámbito de conocimiento y experiencia deben atender a las necesidades afectivas, cognitivas y sociales de los niños.
Pese a lo que argumenta el artículo de “Resultados de la implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos” otros estudios muestran que cuando los padres participan en todos los aspectos de la vida escolar se incrementan los efectos positivos sobre el rendimiento de sus hijos.
La necesidad de implicar a la familia en la tarea educativa, no es ninguna novedad. En estas últimas décadas, ha sido recogida en diversas leyes, insistiendo en la coordinación de la familia y de la escuela para diseñar un proyecto educativo común, cuya finalidad es la educación integral de todos los alumnos.
Por otro lado, es esencial que padres y profesores se pongan de acuerdo sobre cómo hacer efectiva la participación de la familia en la escuela, para que sus relaciones sean de ayuda mutua y hacer frente a los desafíos que les presenta este mundo en constante cambio, lo que va a repercutir de forma positiva en la educación de los niños y va dar coherencia a sus experiencias. Claro que por otro lado no se puede asegurar que vaya a mejorar el rendimiento de los hijos, pero afirmar como se indica en este artículo que “la influencia de los padres en el rendimiento de sus hijos es nula” me parece un poco exagerado.

(Propuesto por Tania Arroyo G.)

Saioa dijo...

Esta investigación a dado respuesta a muchas preguntas que quedaban en el aire sin contestar o como hemos podido observar a descolocado algún mito que existía en el ámbito educativo.

Vemos que como padres y madres el interés y la implicación en la escuela no afecta en los resultados del rendimiento escolar de nuestros/as hijos/as y que tampoco altera el nivel de ansiedad. Aún y todo, si pretendemos iimplicarnos e interesarnos en la comunidad escolar en la que nuestros/as hijos/as participan, ¿ con qué objetivo lo hacemos? ¿ Con el objetivo de que saquen mejores notas o que ellos/as se sienten mejor? En mi opinión, la implicación nuestra en la escuela se hace para lograr que nuestros/as hijos/as dispongan de un mejor clima, de una gran variedad de actividades extraescolares, de una buena relación entre profesorado y padres y madres...y muchas más cosas. Sabiendo los resultados de esta investigación, jugamos de ventaja y sabemos que si queremos implicarnos en la escuela será para lograr otras metas que también son muy importantes y satisfactorias y si queremos contribuir en el nivel de rendimiento escolar y ansiedad, como padres o madres que somos, son muchas cosas las que podemos hacer desde casa. Así como trabajar con ellos técnicas de estudio que les ayuden a organizarse, a motivarles y a gestionar sus emociones. Por lo que espero que los resultados de esta investigación no valgan solamente para decir: ¿ ves como no podemos hacer nada como padres y madres? y encima lograr una menor implicación, de la que ya existe de padres y madres en el ámbito escolar.
( propuesto por Saioa Larruskain)

Leví dijo...

Es curiosa la información que parece desprenderse de este artículo y que va un poco en contra de lo que diría la lógica. Cualquiera podría señalar que la implicación de los padres en el centro escolar es positiva para los hijos en cualquier aspecto.

En principio, soy algo escéptico con las conclusiones que señala el artículo y creo que tiene que aumentarse la investigación y los estudios científicos en esa línea. Ciertamente se trata de un determinado artículo para una muestra de 91 familias en el contexto de familias de California (EEUU). Desde mi experiencia en la educación como orientador de un centro escolar en la provincia de Ávila, los padres que se implican en las labores del centro tienen hijos con buenos resultados en general. En ciertos casos, ya tenían buenas calificaciones antes de sus padres participaran en el AMPA (por ejemplo) y en otros casos los resultados escolares se mantienen en la misma línea sin que afecte a los resultados escolares. Es decir, que ya también observo que la implicación de las familias en el colegio no influye en los resultados de los alumnos, pero que sí son los padres de los alumnos más brillantes quienes suelen participar más en las actividades escolares.

De acuerdo con muchas otras investigaciones de psicología evolutiva, por ejemplo en Vargas y Polaino-Lorente (2001), el ser humano necesita establecer vínculos afectivos con otras personas, ya que el aprendizaje comienza precisamente ahí, con la presencia y proximidad física, el contacto, el calor y la caricia de las figuras de apego. Sólo a partir de dicha vinculación el niño desarrollará la conducta exploratoria, la imitación y la identificación, que serán las principales fuentes de su aprendizaje y desarrollo de competencias socioemocionales. Ósea, que los padres tienen un papel fundamental desde el inicio para que sus hijos puedan mejorar y desarrollar competencias emocionales.

Me atrevo a señalar otras prácticas para reforzar y desarrollar estas competencias. Aprender a demorar gratificaciones a lo largo de la infancia, cumplir con las obligaciones y enseñar poco a poco la satisfacción propia del deber cumplido, aprender a ponerse en el lugar de los demás (dejando juguetes, por ejemplo), establecer soluciones propias a los problemas que vaya teniendo de acuerdo con la edad, hablar de sentimientos en la familia y el manejo de las situaciones emocionales con los hijos…

(propuesto por LEVÍ GÓMEZ SESMERO)

Leví dijo...

Es curiosa la información que parece desprenderse de este artículo y que va un poco en contra de lo que diría la lógica. Cualquiera podría señalar que la implicación de los padres en el centro escolar es positiva para los hijos en cualquier aspecto.

En principio, soy algo escéptico con las conclusiones que señala el artículo y creo que tiene que aumentarse la investigación y los estudios científicos en esa línea. Ciertamente se trata de un determinado artículo para una muestra de 91 familias en el contexto de familias de California (EEUU). Desde mi experiencia en la educación como orientador de un centro escolar en la provincia de Ávila, los padres que se implican en las labores del centro tienen hijos con buenos resultados en general. En ciertos casos, ya tenían buenas calificaciones antes de sus padres participaran en el AMPA (por ejemplo) y en otros casos los resultados escolares se mantienen en la misma línea sin que afecte a los resultados escolares. Es decir, que ya también observo que la implicación de las familias en el colegio no influye en los resultados de los alumnos, pero que sí son los padres de los alumnos más brillantes quienes suelen participar más en las actividades escolares.

De acuerdo con muchas otras investigaciones de psicología evolutiva, por ejemplo en Vargas y Polaino-Lorente (2001), el ser humano necesita establecer vínculos afectivos con otras personas, ya que el aprendizaje comienza precisamente ahí, con la presencia y proximidad física, el contacto, el calor y la caricia de las figuras de apego. Sólo a partir de dicha vinculación el niño desarrollará la conducta exploratoria, la imitación y la identificación, que serán las principales fuentes de su aprendizaje y desarrollo de competencias socioemocionales. Ósea, que los padres tienen un papel fundamental desde el inicio para que sus hijos puedan mejorar y desarrollar competencias emocionales.

Me atrevo a señalar otras prácticas para reforzar y desarrollar estas competencias. Aprender a demorar gratificaciones a lo largo de la infancia, cumplir con las obligaciones y enseñar poco a poco la satisfacción propia del deber cumplido, aprender a ponerse en el lugar de los demás (dejando juguetes, por ejemplo), establecer soluciones propias a los problemas que vaya teniendo de acuerdo con la edad, hablar de sentimientos en la familia y el manejo de las situaciones emocionales con los hijos…

(propuesto por LEVÍ GÓMEZ SESMERO)

Leví dijo...

Es curiosa la información que parece desprenderse de este artículo y que va un poco en contra de lo que diría la lógica. Cualquiera podría señalar que la implicación de los padres en el centro escolar es positiva para los hijos en cualquier aspecto.

En principio, soy algo escéptico con las conclusiones que señala el artículo y creo que tiene que aumentarse la investigación y los estudios científicos en esa línea. Ciertamente se trata de un determinado artículo para una muestra de 91 familias en el contexto de familias de California (EEUU). Desde mi experiencia en la educación como orientador de un centro escolar en la provincia de Ávila, los padres que se implican en las labores del centro tienen hijos con buenos resultados en general. En ciertos casos, ya tenían buenas calificaciones antes de sus padres participaran en el AMPA (por ejemplo) y en otros casos los resultados escolares se mantienen en la misma línea sin que afecte a los resultados escolares. Es decir, que ya también observo que la implicación de las familias en el colegio no influye en los resultados de los alumnos, pero que sí son los padres de los alumnos más brillantes quienes suelen participar más en las actividades escolares.

De acuerdo con muchas otras investigaciones de psicología evolutiva, por ejemplo en Vargas y Polaino-Lorente (2001), el ser humano necesita establecer vínculos afectivos con otras personas, ya que el aprendizaje comienza precisamente ahí, con la presencia y proximidad física, el contacto, el calor y la caricia de las figuras de apego. Sólo a partir de dicha vinculación el niño desarrollará la conducta exploratoria, la imitación y la identificación, que serán las principales fuentes de su aprendizaje y desarrollo de competencias socioemocionales. Ósea, que los padres tienen un papel fundamental desde el inicio para que sus hijos puedan mejorar y desarrollar competencias emocionales.

Me atrevo a señalar otras prácticas para reforzar y desarrollar estas competencias. Aprender a demorar gratificaciones a lo largo de la infancia, cumplir con las obligaciones y enseñar poco a poco la satisfacción propia del deber cumplido, aprender a ponerse en el lugar de los demás (dejando juguetes, por ejemplo), establecer soluciones propias a los problemas que vaya teniendo de acuerdo con la edad, hablar de sentimientos en la familia y el manejo de las situaciones emocionales con los hijos…

(propuesto por LEVÍ GÓMEZ SESMERO)

Leví dijo...

Es curiosa la información que parece desprenderse de este artículo y que va un poco en contra de lo que diría la lógica. Cualquiera podría señalar que la implicación de los padres en el centro escolar es positiva para los hijos en cualquier aspecto.

En principio, soy algo escéptico con las conclusiones que señala el artículo y creo que tiene que aumentarse la investigación y los estudios científicos en esa línea. Ciertamente se trata de un determinado artículo para una muestra de 91 familias en el contexto de familias de California (EEUU). Desde mi experiencia en la educación como orientador de un centro escolar en la provincia de Ávila, los padres que se implican en las labores del centro tienen hijos con buenos resultados en general. En ciertos casos, ya tenían buenas calificaciones antes de sus padres participaran en el AMPA (por ejemplo) y en otros casos los resultados escolares se mantienen en la misma línea sin que afecte a los resultados escolares. Es decir, que ya también observo que la implicación de las familias en el colegio no influye en los resultados de los alumnos, pero que sí son los padres de los alumnos más brillantes quienes suelen participar más en las actividades escolares.

De acuerdo con muchas otras investigaciones de psicología evolutiva, por ejemplo en Vargas y Polaino-Lorente (2001), el ser humano necesita establecer vínculos afectivos con otras personas, ya que el aprendizaje comienza precisamente ahí, con la presencia y proximidad física, el contacto, el calor y la caricia de las figuras de apego. Sólo a partir de dicha vinculación el niño desarrollará la conducta exploratoria, la imitación y la identificación, que serán las principales fuentes de su aprendizaje y desarrollo de competencias socioemocionales. Ósea, que los padres tienen un papel fundamental desde el inicio para que sus hijos puedan mejorar y desarrollar competencias emocionales.

Me atrevo a señalar otras prácticas para reforzar y desarrollar estas competencias. Aprender a demorar gratificaciones a lo largo de la infancia, cumplir con las obligaciones y enseñar poco a poco la satisfacción propia del deber cumplido, aprender a ponerse en el lugar de los demás (dejando juguetes, por ejemplo), establecer soluciones propias a los problemas que vaya teniendo de acuerdo con la edad, hablar de sentimientos en la familia y el manejo de las situaciones emocionales con los hijos…

(propuesto por LEVÍ GÓMEZ SESMERO)

Leví dijo...

Es curiosa la información que parece desprenderse de este artículo y que va un poco en contra de lo que diría la lógica. Cualquiera podría señalar que la implicación de los padres en el centro escolar es positiva para los hijos en cualquier aspecto.

En principio, soy algo escéptico con las conclusiones que señala el artículo y creo que tiene que aumentarse la investigación y los estudios científicos en esa línea. Ciertamente se trata de un determinado artículo para una muestra de 91 familias en el contexto de familias de California (EEUU). Desde mi experiencia en la educación como orientador de un centro escolar en la provincia de Ávila, los padres que se implican en las labores del centro tienen hijos con buenos resultados en general. En ciertos casos, ya tenían buenas calificaciones antes de sus padres participaran en el AMPA (por ejemplo) y en otros casos los resultados escolares se mantienen en la misma línea sin que afecte a los resultados escolares. Es decir, que ya también observo que la implicación de las familias en el colegio no influye en los resultados de los alumnos, pero que sí son los padres de los alumnos más brillantes quienes suelen participar más en las actividades escolares.

De acuerdo con muchas otras investigaciones de psicología evolutiva, por ejemplo en Vargas y Polaino-Lorente (2001), el ser humano necesita establecer vínculos afectivos con otras personas, ya que el aprendizaje comienza precisamente ahí, con la presencia y proximidad física, el contacto, el calor y la caricia de las figuras de apego. Sólo a partir de dicha vinculación el niño desarrollará la conducta exploratoria, la imitación y la identificación, que serán las principales fuentes de su aprendizaje y desarrollo de competencias socioemocionales. Ósea, que los padres tienen un papel fundamental desde el inicio para que sus hijos puedan mejorar y desarrollar competencias emocionales.

Me atrevo a señalar otras prácticas para reforzar y desarrollar estas competencias. Aprender a demorar gratificaciones a lo largo de la infancia, cumplir con las obligaciones y enseñar poco a poco la satisfacción propia del deber cumplido, aprender a ponerse en el lugar de los demás (dejando juguetes, por ejemplo), establecer soluciones propias a los problemas que vaya teniendo de acuerdo con la edad, hablar de sentimientos en la familia y el manejo de las situaciones emocionales con los hijos…

(propuesto por LEVÍ GÓMEZ SESMERO)

Leví dijo...

Es curiosa la información que parece desprenderse de este artículo y que va un poco en contra de lo que diría la lógica. Cualquiera podría señalar que la implicación de los padres en el centro escolar es positiva para los hijos en cualquier aspecto.

Ciertamente se trata de un determinado artículo para una muestra de 91 familias en el contexto de familias de California (EEUU). Desde mi experiencia en la educación como orientador de un centro escolar en la provincia de Ávila, los padres que se implican en las labores del centro tienen hijos con buenos resultados en general. En ciertos casos, ya tenían buenas calificaciones antes de sus padres participaran en el AMPA (por ejemplo) y en otros casos los resultados escolares se mantienen en la misma línea sin que afecte a los resultados escolares. Es decir, que ya también observo que la implicación de las familias en el colegio no influye en los resultados de los alumnos, pero que sí son los padres de los alumnos más brillantes quienes suelen participar más en las actividades escolares.

De acuerdo con muchas otras investigaciones de psicología evolutiva, por ejemplo en Vargas y Polaino-Lorente (2001), el ser humano necesita establecer vínculos afectivos con otras personas, ya que el aprendizaje comienza precisamente ahí, con la presencia y proximidad física, el contacto, el calor y la caricia de las figuras de apego. Sólo a partir de dicha vinculación el niño desarrollará la conducta exploratoria, la imitación y la identificación, que serán las principales fuentes de su aprendizaje y desarrollo de competencias socioemocionales. Ósea, que los padres tienen un papel fundamental desde el inicio para que sus hijos puedan mejorar y desarrollar competencias emocionales.

Me atrevo a señalar otras prácticas para reforzar y desarrollar estas competencias. Aprender a demorar gratificaciones a lo largo de la infancia, cumplir con las obligaciones y enseñar poco a poco la satisfacción propia del deber cumplido, aprender a ponerse en el lugar de los demás (dejando juguetes, por ejemplo), establecer soluciones propias a los problemas que vaya teniendo de acuerdo con la edad, hablar de sentimientos en la familia y el manejo de las situaciones emocionales con los hijos…

(propuesto por LEVÍ GÓMEZ SESMERO)

Malú Mariño dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Malú Mariño dijo...

En teoría se admite que las relaciones entre la familia y la escuela son determinantes en la actividad educativa. El problema reside en cómo debe ser esta relación, pues hay cierta tendencia, por ambas partes, a trasladar la responsabilidad de la educación a la otra parte.
Pero hay que considerar que tanto la familia como la escuela comparten el mismo objetivo común: la formación integral de la persona. Y esa formación se realiza, de forma inevitable, por parte de ambos agentes. Aunque en principio parece recaer en la familia la responsabilidad exclusiva de la formación de los más jóvenes, hoy en día no se puede llevar a cabo con éxito sin la colaboración de la institución escolar, que ha dejado de convertirse en una institución meramente académica para atender también a otros aspectos formativos.

Hay estudios llevados a cabo por investigadores del Departamento de Psicología y Comportamiento Social de la Universidad de California, que señalan la relación inequívoca entre la implicación de los padres en la vida escolar de sus hijos con el mayor grado de disfrute de la escuela por parte de éstos últimos, aunque no se ve relación con el rendimiento académico ni con el grado de ansiedad.

Muchos autores se han dedicado al estudio de estas relaciones familia-escuela (Díez, Villalta, Fine, Carlson, Ballesteros Moscosio, Vila Mendiburu, Martínez González…) Todos ellos coinciden en destacar la necesidad de fomentar esas relaciones, que deben llevarse de manera cooperativa.

Hoy en día tiende a reducirse el tamaño de la familia. La socialización, antaño, se realizaba en familias grandes, formadas por padres e hijos, pero también por abuelos y tíos, primos, etc. Y en ella participaba también la vecindad. Hoy en día la estructura de la sociedad es diferente: las familias no solo son más reducidas en número de hijos, sino que además se ciñen al estricto núcleo de padres-hijos, aumentando, además el número de familias monoparentales. Por otra parte, la vida comunitaria, vecinal, apenas existe, o no de la misma forma. Y por si todo esto fuera poco, la presencia de los padres, y especialmente de las madres, está disminuyendo en el hogar, por lo que el cuidado de los hijos corre a cargo de guarderías, cuidadores o parientes (habitualmente los abuelos).

Ante este panorama la escuela no puede permanecer ajena. Es evidente que en este nuevo modelo social que hemos construido, la institución educativa es corresponsable de la formación integral de la persona, pero no a espaldas de los padres, ni contra ellos, sino facilitando y buscando su colaboración. Por medios y conocimientos, le corresponde a los centros el abrir los cauces oportunos para que esa colaboración se produzca, buscándola, alentándola y fortaleciéndola en la seguridad de que es lo mejor para el bienestar de los niños y jóvenes.

(Propuesto por María Luisa Mariño)

Anónimo dijo...

El reconocimiento de los aspectos emocionales como factores determinantes de la adaptación de los individuos a su entorno ha favorecido el interés por el rendimiento académico.

Actualmente la madre y el padre juegan un papel activo en el desarrollo cognoscitivo y socio-emocional de sus hijos; los padres representan el primer agente socializador del niño al nacer.


En relación con la “ayuda” de los padres en el rendimiento escolar de sus hijos, pienso que a veces esta ayuda no es ni objetiva ni neutra. Inconscientemente los padres proyectan en sus hijos del deseo frustrado que ellos mismos no han podido realizar. Esta actitud tiene como consecuencia que el niño se sienta presionado por sus padres y provoca situaciones de mucho estrés.
Otra reflexión sería en relación con el factor temporal que se establece para realizar las actividades. Desde muy pronto, el niño (por muy pequeño que sea) esta sometido a periodos de tiempos establecidos por los adultos. Cierto es que el niño tiene que adaptarse y que se toma muy en cuenta los estudios y teorías sobre el desarrollo del niño. Pero pienso que en muchos casos, provoca estrés y malestar en el niño.
En mi opinión los padres deben fomentar en sus hijos el desarrollo de las competencias sociemocionales. Creo que el desarrollo de las competencias socioemocionales de los hijos depende del tipo de educación que se les transmite. La actitud que toman los padres hacia sus hijos es muy importante ya que ya que pueden tener consecuencias que pueden retrasar o acelerar el desarrollo de estos. Me parece que los padres autoritarios y permisivos retrasan el desarrollo de sus hijos ya que fomentan la dependencia, el miedo, la inseguridad y en ocasiones la delincuencia. Sin embargo los padres democráticos aceleran el desarrollo de sus hijos, ya que fomentan la creatividad, la iniciativa y la seguridad.
Los padres tienen un papel fundamental en el desarrollo de las competencias socioemocionales de sus hijos, como la motivación, la resolución de cualquier tipo de conflicto y la inteligencia intrapersonal e interpersonal (comprenderse a uno mismo y a los demás). Pienso que los padres deben de fomentar estas competencias fuera del ámbito escolar, por ejemplo en casa, en las actividades lúdicas o de ocio.

La presión de las notas, que según los investigadores no reflejan fielmente las respuestas conceptuales, procedimentales y actitudinales del alumno.
El regulo de las emociones tiene un impacto muy grande sobre la vida social, académica y laboral del individuo. En relación con el rendimiento escolar, facilitan el pensamiento y pueden producir un incremento en la motivación del alumno.

(propuesto por Emmanuelle Daniau)

Anónimo dijo...

El reconocimiento de los aspectos emocionales como factores determinantes de la adaptación de los individuos a su entorno ha favorecido el interés por el rendimiento académico.
Actualmente la madre y el padre juegan un papel activo en el desarrollo cognoscitivo y socio-emocional de sus hijos; los padres representan el primer agente socializador del niño al nacer.
En relación con la “ayuda” de los padres en el rendimiento escolar de sus hijos, pienso que a veces esta ayuda no es ni objetiva ni neutra. Inconscientemente los padres proyectan en sus hijos del deseo frustrado que ellos mismos no han podido realizar. Esta actitud tiene como consecuencia que el niño se sienta presionado por sus padres y provoca situaciones de mucho estrés.
Otra reflexión sería en relación con el factor temporal que se establece para realizar las actividades. Desde muy pronto, el niño (por muy pequeño que sea) esta sometido a periodos de tiempos establecidos por los adultos. Cierto es que el niño tiene que adaptarse y que se toma muy en cuenta los estudios y teorías sobre el desarrollo del niño. Pero pienso que en muchos casos, provoca estrés y malestar en el niño. En mi opinión los padres deben fomentar en sus hijos el desarrollo de las competencias sociemocionales. Creo que el desarrollo de las competencias socioemocionales de los hijos depende del tipo de educación que se les transmite. La actitud que toman los padres hacia sus hijos es muy importante ya que ya que pueden tener consecuencias que pueden retrasar o acelerar el desarrollo de estos. Me parece que los padres autoritarios y permisivos retrasan el desarrollo de sus hijos ya que fomentan la dependencia, el miedo, la inseguridad y en ocasiones la delincuencia. Sin embargo los padres democráticos aceleran el desarrollo de sus hijos, ya que fomentan la creatividad, la iniciativa y la seguridad.
Los padres tienen un papel fundamental en el desarrollo de las competencias socioemocionales de sus hijos, como la motivación, la resolución de cualquier tipo de conflicto y la inteligencia intrapersonal e interpersonal (comprenderse a uno mismo y a los demás). Pienso que los padres deben de fomentar estas competencias fuera del ámbito escolar, por ejemplo en casa, en las actividades lúdicas o de ocio.
La presión de las notas, que según los investigadores no reflejan fielmente las respuestas conceptuales, procedimentales y actitudinales del alumno.
El regulo de las emociones tiene un impacto muy grande sobre la vida social, académica y laboral del individuo. En relación con el rendimiento escolar, facilitan el pensamiento y pueden producir un incremento en la motivación del alumno.
(propuesto por Emmanuelle Daniau)

ANGÉLICA DEL VIEJO dijo...

Considero que las competencias emocionales se deben educar en el ámbito familiar, dando lugar a personas equilibradas, sanas emocionalmente, o en el caso contrario, a personas desequilibradas, irreflexivas, sin control sobre sus impulsos, etc., que pueden acabar haciéndose daño a ellos mismos y a los demás.
Capacidades importantes dentro del ámbito emocional son: el reconocimiento y la expresión de los sentimientos, la empatía, la asertividad, habilidades sociales …
La familia es uno de los pilares básicos en la vida del niño, y uno de los que más influencia tiene en la socialización de las emociones, ésta se lleva a cabo de la siguiente forma: actuando directamente sobre el hijo, o de manera indirecta, a través de la observación y el modelado de los padres.
Actualmente se sabe que la falta de educación emocional o un desarrollo inadecuado de ella, puede llevar a desajustes sociales y falta de dominio sobre la propia persona, y esto puede dar lugar a sentimientos como la ansiedad o la depresión.
En cuanto a la implicación de los padres en el entorno escolar de sus hijos, desde mi punto de vista, éste es esencial para ayudar al alumno-hijo a desarrollarse como persona y a formarse a nivel escolar. Debe existir una relación equilibrada entre los padres y la escuela, de tal manera que ambas instituciones, familia y colegio conozcan la evolución del niño/a.

(Propuesto por Angélica del Viejo Rico)

Anónimo dijo...

Thanks :)
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